“Cuando muere un hijo” de Maribel Gámez

Pocos acontecimientos podemos imaginar tan desgarradores como la muerte de un hijo. Es un hecho impensable, que va en contra de la naturaleza. Los hijos deben sobrevivir a los padres, por ley natural. Esta idea está fuertemente arraiga en nosotros. Es por esta razón, entre otras, por lo que resulta particularmente complicado sobreponerse a una pérdida tan importante en la vida desde el punto de vista de ser madre, padre, pareja… Y es por este motivo por el cual no existe una palabra para designar a una madre o a un padre que ha perdido un hijo, aunque si las haya para hablar de personas que han perdido a sus padres (huérfanos) o mujeres que han perdido a sus maridos (viudas). Parece como si no hubiera manera de nombrar el horror de semejante experiencia.

Cuando un niño muere se abre un proceso de duelo en la familia. El duelo es una serie de fases que se van experimentando ante la pérdida de un ser querido y que tienen como objetivo integrar la pérdida en la vida. Vivir con esa experiencia sin que te paralice. Cada persona puede experimentar este proceso de manera totalmente diferente a otra. La manera de expresar el dolor es algo particular e íntimo que no debe ser censurado ni criticado sino comprendido. El duelo puede complicarse dependiendo de las circunstancias de la muerte del niño si fue vio lenta o por el contrario fue producto de accidente. Normalmente es más fácil entender un fallecimiento causado por circunstancias fortuitas que no implican que nadie sea el culpable a que alguien deliberadamente haya hecho daño al pequeño. Las ideas de justicia y destino que tenga cada miembro de la familia pueden verse seriamente alteradas, así como la fe, si la familia es creyente. Sigue leyendo ““Cuando muere un hijo” de Maribel Gámez”

Llora a tu hijo aunque pasen los años

(Carta de una mamá)

Al principio es fácil llorar, las lágrimas salen sin avisar, al principio nada consuela, ni esas lágrimas; con el paso de los días las lágrimas te dejan cansada, con un sentimiento de vacío y silencio, y los ojos hinchados como los de un sapo, y los días siguen pasando y pasando y las lágrimas saliendo y saliendo.

Espero que hayas tenido mi misma suerte y llorar cuando lo has necesitado, con marido, familia, amigos, trabajo… sin oír frases insulsas, simplemente el silencio acogedor de alguien que te quiere y deja que compartas con él lo más preciado que tienes en ese momento, tu dolor. Si no es así, puede que hayas tenido que llorar a solas, en silencio, si es así, grita ¡es vuestro derecho! ¿no ama una madre a cada uno de sus hijos en la tierra? ¿como no va a llorar toda su vida al que le falta?
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Considera mi duelo

“No te pido que me des un trato especial. No estoy enfermo, no tienes que alejarte de mí, solo te pido que consideres algunos aspectos, pues me ha sucedido lo peor que me pudo haber sucedido.
Te pido que no tengas temor de pronunciar el nombre de mi hijo, ya que él vivió, vive aún en mí y fue y es muy importante.
Considera lo feliz que me siento de saber que tú también lo recuerdas y hablas de él. Me gusta saber que tú también lo tienes presente en sus cumpleaños y aniversarios.
Considera que pasaré tal vez en un mismo día por diferentes emociones. Puedo vibrar de alegría al recordar a mi hijo y puedo llorar después por su ausencia. Tal vez un día estaré feliz y otro día será desastroso para mí.

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Soledades

“A veces nos sentimos más solos de lo que realmente estamos. Como si nadie más librase nuestras mismas batallas. Como si nadie nos pudiera comprender o ofrecernos su apoyo. Como si a nadie le importase.

Peso es posible que no estemos mirando donde toca. Porque cuando lo hacemos, de repente encontramos a más personas “como nosotros”. A más compañeros de batalla, brazos en los que llorar y sonrisas que compartir. Sólo si miramos donde toca.

Somos muchos, más de los que parece.
No estamos solos, sólo necesitamos encontrarnos”

Texto de la página de Fotografía y Duelo -Proyecto Stillbirth

Sin ella

“Hay muchas cosas que ya puedo hacer sin sentirme agotado, cosas sencillas que antes me rompian, tender la ropa era una de las peores, ducharme me traía miles de recuerdos de risas en el baño y de verte crecer hermosa, hoy son tesoros que tengo dentro de mi, ya no hacen tanto daño, los he vivido y me llenaron de felicidad.
No, el tiempo no cura ciertas heridas, pero vamos aprendiendo a hacerle un sitio a todas las cosas bonitas que vivimos, un lugar dentro de nosotros, donde antes había un enorme dolor ocupando espacio, ahora hay un precioso rincón lleno de amor.
Todos los días no son iguales, sé que después de momentos buenos llegarán otros como una galerna, pero, pero, pero ya puedo con ellos, los veo venir, los dejo pasar.”

Carlos Soto, padre superviviente de Ariadna

Desde que te fuiste

“Desde que te fuiste, tu lugar quedó huérfano. Hay un montón de sillas ocupadas por mucha gente hermosa también. Lo sé. Y las necesito como parte de mi mundo y de mi rutina. Se los agradezco.
Pero tu lugar, tu espacio, tu alrededor, está deshabitado. Y así será para siempre. Porque es mentira que las personas son prescindibles. No sé quién dijo esa pavada que todos asumieron como cierta. Yo no cambio un corazón por otro, porque todos laten distinto.
Nadie es reemplazable. Nadie.
Eso es una mentira que consuela al que lo dice y no al que lo escucha.
Saberlo no me duele.
Me obliga a no gastar tiempo buscando algo que nunca voy a encontrar.
Aceptarlo me libera de una frustración garantizada. De hecho, y para ser más específica, no voy a intentar salir a reemplazarte.

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Cecilia Borrás: “El duelo tras el suicido de un hijo dura años, pero te reconstruyes”

La muerte por suicidio de su hijo Miquel, cuando tenía 19 años, transformó la vida de Cecilia Borrás (Barcelona, 1966), psicóloga en ejercicio en aquél momento, hace ahora ocho años. En el 2012, a sugerencia de la psiquiatra Carmen Tejedor que atendía los intentos de autolesión grave en el Hospital de Sant Pau, fundó la primera asociación española que acoge a las familias que entran en el túnel doloroso que ella y su marido empezaron a transitar aquél día del 2009 en que el joven Miquel cortó el dolor de una discusión con su pareja poniendo fin a su vida. Cecilia Borrás considera sanador y conveniente hablar en voz alta de un tema que hasta hace muy poco era innombrable.

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“La muerte de un hijo, seis pasos para transitar el camino del duelo” de C. Pinedo

La muerte y el nacimiento forman parte del ciclo natural de los seres vivos y son las dos únicas certezas que tenemos en la vida. Sin embargo, la muerte de un hijo es la peor de las pesadillas para los padres, con la que se aprende a convivir. “El dolor de esta pérdida no desaparece, aunque sí se puede transformar e integrar con el tiempo. Sin olvidar que no hay recetas, pautas, ni tiempos, porque cada caso es único y lleva su propio proceso y ritmo”, explica Tew Bunnag, Tew Bunnag, fundador de la Asociación Vinyana, dedicada a realizar cursos sobre el acompañamiento espiritual durante la muerte y el duelo.

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