Proyecto AWARE (III)

cascada y niebla

3. ALGUNOS ASPECTOS FILOSÓFICOS DEL ESTUDIO AWARE

Como se dijo, desde la publicación en 1968 del “Informe Harvard” la identificación de la muerte con la muerte cerebral se ha impuesto progresivamente en la mayoría de los países. Esto significa que a los dos signos tradicionales de la muerte -detención del corazón y los pulmones- se añadió la ausencia de actividad encefálica. La preponderancia del nuevo criterio hizo que los términos “muerte”, “muerte cerebral” (o encefálica) y “muerte clínica” devinieran sinónimos desde el punto de vista médico.

Por otra parte, no es infrecuente que personas recuperadas del estado de muerte clínica comuniquen a quienes les rodean vivencias y percepciones acaecidas, al parecer, durante el tiempo en que estuvieron muertas. Aunque conocidas desde la antigüedad, es a partir de los años 50 y 60 del siglo XX, con el mayor empleo y la creciente eficacia de las técnicas médicas de resucitación cardio-pulmonar y cuidados intensivos, cuando crece el número de ECMs registradas.

La neurociencia actual no dispone en su arsenal teórico de explicación satisfactoria alguna para un fenómeno que desafía sus principios, ya que según éstos las ECMs no deberían producirse: como no es posible la existencia de experiencia cognoscitiva o perceptiva alguna sin actividad cerebral, y el estado de muerte clínica se define, justamente, por la ausencia de funciones encefálicas, una persona clínicamente muerta no puede experimentar procesos cognitivo ni perceptivos. Tampoco puede explicar el modo en que habrían de producirse, fijarse y almacenarse imágenes durante el estado de muerte cerebral, ni en qué tipo de soporte lo harían, ya que en ese período de tiempo el encéfalo y, por tanto, los mecanismos de la memoria, permanece completamente desactivado. Igualmente inexplicable resulta el modo en que la información almacenada se transferiría al cerebro para su posterior evocación y comunicación a los demás en el estado normal de conciencia. Desde esta perspectiva la alternativa es clara: o las ECMs no acontecen durante el estado de muerte clínica o, de hacerlo, durante ese estado debe existir algún tipo de actividad encefálica que lo permita -posiblemente residual- pero indetectable para la capacidad medidora de los dispositivos actuales. En consecuencia, cuando se define la muerte como ausencia de actividad encefálica (muerte cerebral), el término “ausencia” no debe interpretarse en sentido absoluto -total ausencia- sino tan sólo en el de ausencia de actividad registrable.

Como los estudios realizados hasta la fecha parecen falsar la primera hipótesis, sólo quedaría la segunda, según la cual el problema de las ECMs se reduce a una cuestión meramente técnica: la sensibilidad de los actuales aparatos de medición de la actividad cerebral, aun siendo grande, resulta insuficiente para establecer con absoluta precisión su total ausencia, por lo que desde el momento en que sea técnicamente factible determinar sin asomo de duda la ausencia de actividad encefálica en un sujeto podrá demostrarse que las ECMs sólo acontecen cuando hay actividad cerebral, por pequeña que ésta sea.

Si se verificara esta hipótesis podría suponerse que las ECMs fueran un tipo de percepción -objetiva o alucinatoria- cuyo mecanismo, aunque desconocido hasta el presente, resultara compatible con el paradigma explicativo neurocientífico actual.

Sin embargo, la solución escéptica al problema teórico suscitado por las ECMs plantea graves interrogantes de orden ético a la práctica médica, porque tal hipótesis parece poner en entredicho el criterio médico utilizado en la mayoría de países para establecer la defunción de una persona y, por tanto, la moralidad y oportunidad de las acciones post-mortem a ejercer sobre el cadáver, tales como la retirada de asistencias mecánicas, extracción de órganos para transplantes o fijación del momento de las honras fúnebres. No olvidemos, además, que aunque cuestionado también en algunos círculos católicos (Scaraffia, 2008), el criterio de muerte cerebral cuenta con el beneplácito de la Santa Sede (Juan Pablo II, 2000).

Pero si, por el contrario, lograra establecerse con total certeza que las ECMs -o su fase EFC- acontecen durante el estado de muerte cerebral y, a la vez, que en dicho estado no hay actividad encefálica alguna (o no, al menos, de tal entidad que pudiera explicar por sí misma la intensidad y complejidad de tales vivencias), ello supondría una objeción insalvable para el paradigma neurocientífico dominante en la actualidad (monismo materialista). Semejante situación no sólo obligaría a su revisión, sino que abriría la posibilidad a su sustitución por otro más adecuado, incluido uno de corte dualista, tal como propone, por ejemplo, el neurobiólogo John Eccles (Popper y Eccles, 1980), o parece avalar experimentalmente el “efecto Delpasse” (Bedford y Kensington, 1976). Semejante cambio de paradigma acerca de nuestra comprensión del cerebro, la mente y su interacción tendría, obviamente, consecuencias de enorme trascendencia para los más diversos campos del saber y la cultura actuales.

En cualquier caso, es claro por todo lo expuesto que la tecno-ciencia ha encontrado finalmente el modo de hacer suyo también el problema de la relación mente-cerebro durante el trance de morir, una cuestión reservada hasta ahora a la fe religiosa y a la racionalidad filosófica. Parece llegado el momento en que la ciencia contribuya con su propio método al debate enriqueciéndolo con nuevos datos y perspectivas, y todo ello desde una actitud ajena a las desfasadas guerras banderizas entre filosofía, ciencia y religión. Ciertamente, esta nueva investigación científica sobre la relación cuerpo-mente en la frontera entre la vida y la muerte podría aportar datos y conocimientos cruciales para comprender mejor la naturaleza del yo, del cerebro y de su interrelación, así como el misterio de lo que nos sucede al morir.

Ahora bien, si aceptamos que el afán de conocimiento le es inherente a nuestra especie y que nos ennoblece en la medida en que nuestros esfuerzos por alcanzarlo estén embridados por el compromiso ético con la verdad y el respeto hacia nuestros semejantes, esto resultará particularmente cierto en el caso del estudio científico de las ECMs. Por su naturaleza, las investigaciones acerca de la interacción mente-cerebro durante el trance de la muerte deberán observar un especial respeto hacia la dignidad de persona de los sujetos estudiados, quienes en esos momentos se hallan vivenciando la delicada y trascendente experiencia de su propia muerte mientras yacen, en total indefensión, a merced de los investigadores. Así, por ejemplo, habría que evitar cualquier posibilidad de ensañamiento terapéutico por razones de carácter heurístico.

En este contexto, el estudio AWARE se presenta como la fórmula que permite resolver satisfactoria y simultáneamente determinados aspectos éticos y epistemológicos involucrados por este tipo de investigaciones. Tanto la muerte como las ECMs pertenecen a un tipo de fenómenos incómodo para la observación y la experimentación, pues su producción y repetición escapan a la voluntad y el control del investigador. Si provocar el estado de muerte clínica con fines científicos es técnicamente factible, semejante instrumentalización del ser humano no es éticamente admisible ni debe ser legalmente posible. Además, la inducción del estado de muerte encefálica no garantiza el acaecimiento del fenómeno ECM. Pero el estudio AWARE evita estos inconvenientes de tipo ético, legal y epistemológico tomando como sujetos de estudio a pacientes de paro cardíaco ingresados en las unidades hospitalarias. El hecho de que durante el paro cardíaco el corazón y los pulmones se detengan provocando que en pocos segundos el encéfalo deje funcionar convierte a este tipo de pacientes en sujetos idóneos para una investigación de tales características, pues cumplen el criterio de muerte clínica. Tampoco habría objeción ética ni legal alguna, cuando menos en principio, en intensificar el seguimiento y monitoreo con fines científicos de estos pacientes, ya de por sí muy controlados de forma protocolaria. Finalmente, dado que los avances experimentados por las técnicas médicas de resucitación y las terapias intensivas han multiplicado el número de pacientes recuperados con éxito de un paro cardíaco y, por tanto, el de ECMs comunicadas, cabe pensar en la posibilidad, y alta probabilidad, de que pacientes participantes en el estudio AWARE experimenten y puedan comunicar ECMs.

Todo este conjunto de circunstancias hacen de AWARE una excelente oportunidad para investigar científicamente las ECMs en un entorno ético y legal.

Fuente: Filomente

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Proyecto AWARE (II)

8abril2005

2. EL ESTUDIO AWARE EN EL CONTEXTO DE LAS INVESTIGACIONES SOBRE LAS EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE (ECM)

El Diccionario de la RAE define “muerte” como la cesación o término de la vida. Pero determinar el momento en que ese final acontece no ha sido nunca tarea fácil. Desde sus orígenes, las diversas sociedades y culturas humanas se han visto en la necesidad de aprender a reconocer las señales de la muerte, establecer el momento en que un ser humano dejaba de estar vivo y resolver quién debía decidirlo (Thomas, 1983).

En Occidente, hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX determinar la muerte de una persona era responsabilidad de familiares y religiosos. Sólo a partir de entonces el diagnóstico de la muerte y su certificación le fueron encomendados al médico como parte de su magisterio, surgiendo así el concepto de “muerte clínica” (Trueba, 2007).

Desde la perspectiva médica, el término “morir” hace referencia al proceso, más o menos largo, en el que acontece la pérdida de las funciones vitales, mientras que con el de “muerte” se indica el juicio diagnóstico de muerte clínica, es decir, el nuevo estado de irreversibilidad vital del organismo del sujeto y la consideración de su cuerpo como cadáver (Trueba, 2007). Los pulmones y, sobre todo, el corazón han sido los órganos asociados tradicionalmente con la vida; y su detención, la señal popular que indicaba el final de la misma. La parada cardiorrespiratoria era también el criterio utilizado por los galenos para diagnosticarla. Sin embargo, sólo la observación de los primeros síntomas de la putrefacción cadavérica alejaba el temor a un enterramiento prematuro.

Los avances médicos registrados durante las décadas 50 y 60 del siglo XX -soportes vitales, cuidados intensivos, técnicas médicas de resucitación, transplantes de órganos…- complicaron el diagnóstico de muerte clínica. Ante la situación creada, un comité de expertos de la Facultad de Medicina de Harvard elaboró y publicó en 1968 un documento conocido como “Informe Harvard”, en el que se proponía un nuevo criterio de muerte clínica fundamentado en los conocimientos científicos más recientes: el de muerte cerebral o encefálica, que ha sido progresiva y mayoritariamente adoptado en el mundo occidental (Gherardi, 2008, 1997; Trueba, 2007). Pero aunque la medicalización de la muerte en nuestra cultura haya convertido -no sin discrepancias- en sinónimos los términos “muerte”, “muerte clínica” y “muerte encefálica”, la definición legal de muerte dista de ser homogénea en los países occidentales (Pérez Tamayo, 2005). Y el  panorama iba a complicarse aún más.

En 1975, Raymond A. Moody publicaba Life after Life (Vida después de la vida). En su libro, el Dr. Moody dejaba constancia de ciertos fenómenos cognoscitivos y perceptivos que muchas personas decían haber experimentado mientras se hallaban clínicamente muertas. Sin embargo, Raymond Moody tuvo buen cuidado de no titular su libro Vida después de la muerte, pues ello hubiera implicado la resurrección de las personas entrevistadas, algo que el propio Moody sabía que su estudio no permitía concluir. Por ello, y aunque según el criterio médico los sujetos que experimentaron estos fenómenos estuvieron muertos, R. Moody se refirió a ellos como Near Death Experiences (NDE), esto es, Experiencias Cercanas, o Próximas, a la Muerte (ECM ó EPM).

El Dr. Moody elaboró un modelo ideal de ECM a partir de la casuística reunida, que presenta las siguientes fases: el sujeto clínicamente muerto oye lo que dicen las personas que le rodean; aparición de sentimientos de paz y quietud; audición de un ruido peculiar; la visión del túnel oscuro; la experiencia fuera del cuerpo; el encuentro con otros seres ya fallecidos; la visión de un ser de luz; la revisión de la propia vida; la frontera o límite; el regreso; la narración de la experiencia a los demás y, finalmente, los efectos de dicha experiencia sobre la vida de la persona tras su recuperación (Moody, 1975).

Las experiencias recogidas y publicadas por Moody en 1975 pronto se vieron corroboradas y ampliadas por trabajos de otros investigadores que, como la Dra. Elisabeth Kübler-Ross, venían realizando estudios en ese campo o se hallaban familiarizados con él por su actividad profesional (Kübler-Ross, 1969; 1975).

Bruce Greyson, siguiendo la línea de Moody, elaboró un práctico criterio de demarcación de las ECMs, conocido como escala de Greyson.

Todo ello, además de incidir sobre el problema de la definición de “muerte”, obligaba a replantear las viejas y profundas cuestiones filosóficas y religiosas acerca de qué sean el yo y el cerebro, cuál su relación, qué les sucede cuando morimos y qué nos cabe esperar tras la muerte.

Hechos tan extraordinarios y con tantas implicaciones como las ECMs requerían pruebas no menos extraordinarias. Sin embargo, todos esos estudios sólo poseían un carácter fenomenológico: ni la recopilación de historias personales, ni la elaboración de un modelo teórico de ECM, ni el establecimiento de un criterio de demarcación satisfacían las condiciones exigidas por la explicación científica.

En cualquier caso, el mérito de estas investigaciones sobre las ECMs, y especialmente del citado libro de Moody, radicó en abordar el fenómeno con una actitud de serena racionalidad que, además de contribuir a su popularización, lo hizo permeable a los círculos médicos. Vida después de la vida llamó la atención mundial sobre un fenómeno que resultó ser más conocido y frecuente de lo esperado, pero del que no se hablaba públicamente. Muchas personas lo conocían por haberlo experimentado en primera persona, otras de oídas y otras, finalmente, debido a la rutina diaria de su trabajo con los pacientes en centros hospitalarios. Hecho público el incómodo fenómeno, comenzaron a sucederse las hipótesis explicativas de todo tipo y, con ellas, la controversia. El debate sobre las ECMs estaba, pues, social y científicamente abierto.

Entre los esfuerzos por mantener encauzado racionalmente el estudio del fenómeno de las ECMs destacan los realizados por el cardiólogo Michael Sabom, quien comenzó sus investigaciones al año siguiente de publicar Moody su obra. El Dr. Sabom se sorprendió por las coincidencias que aparecían entre las experiencias que él y su asistenta Sarah Kreutziger iban recopilando por su cuenta y las reunidas por Moody (Rogo, 1991). Pero lo que llamó realmente la atención de Sabom fue el hecho de que algunos sujetos parecían recordar lo acontecido a su alrededor durante el tiempo en que, según los médicos que les atendían, habían estado muertos. La neurociencia actual considera que un ser humano no puede experimentar cognición o percepción alguna sin actividad cerebral. Sin embargo, Sabom recogió casos en que los detalles aportados por los sujetos acerca de lo que se dijo o hizo a su alrededor durante el tiempo que estuvieron clínicamente muertos eran de tal precisión que desafiaban la explicación de la ECMs como un fenómeno alucinatorio atribuible al estado de shock y la falta de oxígeno, la medicación suministrada durante las maniobras de resucitación o los procesos fisiológicos propios de esos momentos (v.g., la generación de endorfinas), tal y como proponían los expertos escépticos (Blackmore, 1991; BBC, 2003).

Dado que las Experiencias Fuera del Cuerpo (EFCs), o Experiencias Extracorporales (EECs), presentan,  a diferencia de otras fases de las ECMs, aspectos contrastables, Sabom en persona se ocupó de comprobar la veracidad y objetividad de los testimonios más notables, entre ellos el de Pam Reynolds. A principios de los años 90, la artista norteamericana fue intervenida quirúrgicamente de un aneurisma cerebral por el neurocirujano Robert Spetzler. Lo que hace este caso tan singular es que durante la operación, en el transcurso de la cual tuvo lugar la ECM, la paciente se hallaba bajo condiciones de control y monitorización exhaustivas dadas las especiales circunstancias que precisaba su realización: circulación extracorpórea, parada cardiorrespiratoria y cesación de toda actividad neuronal (Sabom, 1998; BBC, 2003).

Sabom no creía que tales ECMs fueran atribuibles a estados alucinatorios, pero tampoco que constituyesen una prueba de la supervivencia del alma. Consideraba que de algún modo estas personas habrían bordeado el límite de la muerte sin llegar a cruzarlo, pues en tal caso no hubieran regresado. Sea como fuere, las EFCs estudiadas por el Dr. Sabom incidían sobre el problema filosófico de la relación mente-cuerpo.

En este esfuerzo de aproximación científica al fenómeno de las ECMs es también notoria la labor de los doctores Kenneth Ring, cuyos análisis estadísticos indican que cuanto más avanzada es la fase vivenciada de la ECM menor es el número de personas que la experimentan, y Schoonmaker, interesado en casos de sujetos monitorizados por dispositivos tecnológicos mientras se hallaban clínicamente muertos (Rogo, 1991). Más recientemente, destacan por su importancia las contribuciones del cardiólogo Pim Van Lommel, centrado en casos de pacientes de paro cardíaco en Holanda (Lommel, 2001), del neuropsiquiatra Peter Fenwick (Fenwick, 1997) y del cardiólogo Sam Parnia, quien puso en marcha el primer estudio científico monitorizado ex profeso, con el fin de averiguar qué sucede en la mente y el cerebro humanos durante la muerte por paro cardíaco. El Dr. Parnia realizó mediciones de los niveles de oxígeno en los pacientes, controló los medicamentos que les fueron suministrados y anotó aspectos relativos a su personalidad (Parnia, 2006; BBC, 2003). A todos ellos les sorprendía el hecho de que durante el paro cardíaco los aparatos no registraran actividad cerebral alguna y, en cambio, hubiese sujetos capaces de relatar percepciones detalladas que indicaban la existencia de un alto grado de conciencia durante ese tiempo.

Los resultados de sus estudios llevaron finalmente a los Doctores Parnia y Fenwick a poner en marcha el estudio AWARE para investigar en condiciones de laboratorio qué les sucede al cerebro y a la mente durante el estado de muerte clínica.

AWARE contempla también el estudio experimental de las EFCs, a fin de establecer su grado de veracidad y objetividad. Para ello, se colocarán en las habitaciones hospitalarias imágenes ocultas desde el lugar y posición en que se halle situado el cuerpo del paciente, pero visibles desde perspectivas estratégicas elevadas.

Las EFCs no son un fenómeno exclusivo de las ECMs y ya han sido objeto de estudio experimental con anterioridad al proyecto AWARE, tanto en el contexto de las ECMs (Sartori et al., 2006), como en otros (Rogo, 1991).

Fuente: Filomente

Primeros datos sobre el proyecto AWARE (I)

24mayo2003geminis

Navegando por la red he encontrado este estudio sobre el Proyecto AWARE,  del Profesor  Roberto Aretxaga Burgos

AWARE (AWAreness during REsuscitation) es el nombre del primer estudio científico a gran escala en el mundo sobre la consciencia durante el trance de la muerte. Para desarrollar su labor, los investigadores cuentan con sofisticadas técnicas que les permiten estudiar en condiciones de laboratorio la relación entre la mente y el cerebro durante el estado de muerte clínica en pacientes de paro cardíaco. La investigación incluye la realización de un experimento para estudiar la naturaleza del sorprendente fenómeno de las experiencias extracorporales a menudo relatadas por personas rescatadas de la muerte mediante técnicas médicas de resucitación.

Tanto por su objeto de estudio, como por la propia naturaleza de la investigación y el calado de sus eventuales resultados, AWARE es un proyecto científico con profundas y múltiples implicaciones de carácter filosófico, religioso y socio-cultural, lo que exige la mayor transparencia y rigor en la tarea de sus artífices.

1. EL ESTUDIO AWARE

 El 11 de septiembre de 2008 se celebró en Nueva York, bajo el auspicio de Naciones Unidas (ONU), el simposio Beyond the Mind-Body Problem: New Paradigms in the Science of Consciousness (Más allá del problema mente-cuerpo: nuevos paradigmas en la ciencia de la conciencia), con objeto de analizar las transformaciones que los nuevos paradigmas de la neurociencia están produciendo tanto en las investigaciones sobre la mente humana como en nuestra comprensión de la conciencia y del yo.

Durante el simposio, el Dr. Sam Parnia presentó formalmente el denominado The Human Consciousness Project (Proyecto Conciencia Humana), un consorcio internacional de científicos y médicos con carácter multidisciplinar creado para investigar, con las técnicas más actuales, los procesos neuronales implicados en las diferentes facetas de la conciencia humana, su naturaleza y su relación con el cerebro.

El Proyecto Conciencia Humana incluye el estudio AWAreness during REsuscitation (Conocimiento durante la Resucitación). AWARE fue presentado como la primera investigación científica a gran escala en el mundo para el estudio de la relación mente-cerebro durante el estado de muerte clínica en personas con paro cardíaco. Cuenta para ello con sofisticadas técnicas, como la indicación de los niveles de oxígeno o la circulación sanguínea en el cerebro mediante INVOS Cerebral Oximeter.

AWARE se complementa con BRAIN-1 (Brain Resuscitation Advancement International Network – 1), un estudio consistente en la realización de tests fisiológicos en pacientes de paro cardíaco, así como técnicas de monitoreo del cerebro, con el fin de obtener conocimientos que posibiliten un mejor cuidado médico y psicológico de estos pacientes.

El estudio AWARE está dirigido por los doctores Sam Parnia y Peter Fenwick, junto con los profesores Stephen Holgate y Robert Peveler (Universidad de Southampton, Inglaterra), y en él participan inicialmente 25 centros médicos europeos y norteamericanos. La investigación ha venido precedida de una fase piloto de año y medio de duración en hospitales del Reino Unido previamente seleccionados.

Según sus responsables, AWARE será de gran valor para la comunidad científica y médica internacional al contribuir a un mejor conocimiento de la mente, el cerebro y su interacción, así como al progreso de los cuidados médicos dispensados a los pacientes de paro cardíaco. El estudio pretende, además, arrojar luz sobre el sorprendente fenómeno de las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), de modo que AWARE podría tener profundas implicaciones de alcance universal sobre el modo humano de entender la muerte y el misterio de lo que nos sucede al morir (Beyond the Mind-Body Problem, 2008).

AWARE es, en definitiva, la mayor investigación científica diseñada hasta la fecha para estudiar la mente humana durante el estado de muerte clínica por lo que, más allá de los aspectos médicos específicos involucrados, sus resultados pueden ayudarnos a comprender mejor la mente y el misterio de lo que nos sucede durante el trance de la muerte, una cuestión reservada tradicionalmente a la reflexión filosófica y a las creencias religiosas.

Fuente: Filomente

Seguiremos editando sobre este estudio, porque parece muy interesante, en próximas entradas.

Proyecto sobre la Consciencia Humana durante el trance de la muerte (AWARE)

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Este artículo fue escrito por M.J.Stephey y publicado el 18 de Septiembre de 2008 en la revista Times. EL Doctor Sam Parnia, del Centro Medico Weill Cornell en Nueva York, es uno de los expertos mundiales en  estudios científicos sobre la muerte.

Parnia y sus colegas anunciaron su primer gran descubrimiento resultado de su Proyecto sobre la Consciencia Humana (Human Consciousness Project) en septiembre del mismo año.

Es un estudio intensivo de tres años sobre las experiencias fuera del cuerpo. Nombrado AWARE (Awareness during Resuscitation), en este proyecto han colaborado 25 centros médicos de los Estados Unidos, Canada y Europa y han estudiado  1,500 casos de supervivientes a ataques cardiacos. TIME habló con Parnia sobre los orígenes del proyecto, su escepticismo y la diferencia entre mente y cerebro.

¿Qué tipo de métodos utilizará este proyecto  para verificar la veracidad de lo que la gente que dice haber vivido como experiencias cercanas a la muerte?

Cuando tu corazon deja de latir, no hay sangre llegando a tu cerebro. Entonces, lo que sucede es que por 10 segundos, la actividad cerebral se detiene.

Paradojicamente, el 10% o 20% de la gente que han regresado a la vida despues de ese periodo de tiempo, que pudo haber sido entre cinco minutos o mas de una hora, aseguran haber estado concientes. Entonces, el punto clave en estas situaciones, es determinar, si ese estado de consciencia es real o ilusorio.

La única manera de determinarlo es tener fotos sacadas desde el techo de la habitacion, porque la gente asegura que pueden verlo todo desde el techo de la misma. Por lo tanto, si nosotros obtenemos una serie de 200 ó 300 personas que estuvieron clínicamente muertas, y que pudieron volver de ese estado y contarnos que es lo que nosotros estabamos haciendo en la habitacion durante ese lapso de tiempo y comparamos sus relatos con las fotos sacadas desde el techo, podremos así confirmar si su estado de consciencia realmente continuó a pesar de que su cerebro no estaba funcionando.

¿ Cómo se relaciona este proyecto con la percepcion de la muerte que tiene la sociedad?

La gente muy comunmente percibe  la muerte como un momento. O estás vivo o estás muerto. Esto es solo una definición social de la muerte. Pero la definicion clínica de la muerte es otra: es cuando tu corazon, y tus pulmones dejan de funcionar, y en consecuencia el cerebro mismo deja de trabajar.

Cuando los doctores iluminan con una linterna las pupilas de un paciente es para determinar que no hay ningun reflejo presente en el mismo. El reflejo del ojo esta generado por el troncoencéfalo que se encuentra en la cavidad craneal y es el area del cuerpo que nos mantiene vivos; si deja de funcionar, es que el cerebro mismo ya no está funcionando. En ese momento llamo a una enfermera para poder certificar que el paciente ha fallecido. Hace 50 años  nadie sobrevivía después de algo así.

¿ Cómo está la tecnología cambiando la percepción de que la muerte es un “momento”?

Hoy en día la tecnologia ha mejorado hasta el punto de que podemos resucitar a algunos pacientes. De hecho, se estan desarrollando drogas, quién sabe si saldrán al mercado, que podrían reducir el proceso de daño celular del cerebro y por ende de la muerte. Imagínese a ud mismo diez años más allá y que puede darle a su paciente, cuyo corazón acaba de pararse,  una droga tan impactante. Porque lo que sucede es que ralentiza todo tanto, que lo que sucedería en una hora se postpone dos días. A medida que la medicina avance en casos así, iremos teniendo cada vez más cuestiones éticas que resolver.

Pero ¿qué es lo que le sucede al individuo durante ese lapso de tiempo?

Porque hay una falta de flujo sanguineo, las celulas tratarán de mantenerse vivas;  para eso comienzan, dentro de un lapso de cinco minutos, a dañarse o cambiar. Después de una hora más o menos, el daño es tan grande que aunque intentemos reactivar el latido del corazón, la persona no podrá recuperarse porque sus células cambiaron demasiado. Luego, las células continuarán el cambio hasta que en un par de días el cuerpo se descompone.

Así que no es un momento, sino un proceso que comienza cuando el corazon deja de latir, y termina con la completa descomposición de las celulas del cuerpo. Sin embargo, lo interesante es ¿qué está sucediendo en la mente de la persona? ¿qué le sucede a la mente humana y a la conciencia durante la muerte? ¿Se acaba inmediatamente, en cuanto el corazón se para? ¿Cesa la actividad a los dos segundos, a los dos minutos…? Porque  nosotros sabemos que las células siguen cambiando durante ese tiempo. ¿Acaba a los 10 minutos, a la media hora, una hora después? Y es es ese punto en el que no sabemos.

 ¿ Cómo fue tu primer entrevista con alguien que aseguraba haber vivido una experiencia fuera del cuerpo?

Me hizo sentir muy humilde y me abrió mucho la mente, porque lo que ves es que, ante todo, son personas genuinamente honestas, que no están buscando fama ni atención. En muchos casos  ni si quiera lo han compartido con nadie, porque temen lo que la gente pueda llegar a pensar sobre ellos. Tengo como 500 casos de personas que he entrevistado desde que empece hace mas de 10 años. Es la consistencia en la narracion de las experiencias lo impresionante.

Tambien hablé con los médicos y enfermeras que estuvieron presentes cuando estas personas tuvieron la experiencia, y el relato de lo que los pacientes les han contado a ellos es igual al que me contaron durante la entrevista. Tengo estos casos documentados en mi libro “What Happens When we Die.” porque quería que la gente tuviera ambos ángulos de la historia. No solo el lado de los pacientes, sino también el de los médicos, y ver cómo se siente el doctor que tiene un paciente que ha regresado y le cuenta lo que le ha ocurrido.

Hablé con un cardiólogo que me dijo que nunca le había contado a nadie lo ocurrido porque no sabía explicar cómo su paciente podía ser capaz de  describir con todo detalle cada cosa que él había dicho y había hecho. Realmente estaba tan asustado, que decidió no pensarlo más.

  ¿ Por qué cree que hay tanta resistencia a estudios como el suyo?

 Porque estamos tratando temas que sobrepasan los limites de la ciencia y trabajamos contra ideas preconcebidas y percepciones que están fuertemente arraigadas. Muchas personas mantienen la idea de que cuando uno muere, se muere y eso es todo. La muerte es un momento, o se está muerto o se está vivo. Todas esas cosas no son científicamente válidas, son creencias sociales muy asentadas.

Si volvemos la vista a los finales del XIX, los físicos de aquella época estaban trabajando con las leyes de Newton y creían realmente tener todas las respuestas a todo lo que había en el universo. Cuando miramos el universo que nos rodea, las leyes de Newton son perfectametne suficientes. Explican la mayoría de las cosas con las que tenemos que bregar. Pero después se decubrió que hay niveles más diminutos, más allá  de los átomos, en los que las leyes newtonianas no funcionan. Se necesitó una nueva Física, y así surgió la Física cuántica.

Si hablamos de la mente, la consciencia y el cerebro, hoy en día se asume que la mente y el cerebro son lo mismo y trabajan exactamente al mismo tiempo. Pero luego surgen estos casos extremos, donde el cerebro se apaga, y la mente no, y podemos ver cómo lo asumido no es tan real. Así, una nueva forma de ciencia es necesaria, como lo fue la Física cuántica. El acelerador de partículas del CERN puede devolvernos a nuestras raíces. Podría llevarnos la los primeros momentos del Big-Bang. Con nuestro estudio, por primera vez, tenemos la tecnología y los medios para hacerlo. Para averiguar qué pasa con nosotros despues de la muerte. ¿Algo continúa?

 http://www.time.com/time/health/article/0,8599,1842627,00.html?xid=rss-health

He buscado el libro y todavía no está traducido al español. Veré si lo puedo leer en inglés.

 

Primera investigación a gran escala sobre las experiencias cercanas a la muerte

Aplicará las últimas tecnologías para explicar por qué hay conciencia cuando el cerebro está muerto

 

La Universidad de Southampton, en el Reino Unido, ha puesto en marcha el primer estudio a gran escala sobre las llamadas “experiencias cercanas a la muerte” o ECMs. En centros hospitalarios del Reino Unido, de Norteamérica y de Europa los científicos analizarán el fenómeno de las ECMs, descritas por personas que han estado al borde de la muerte y han sido reanimadas. Dichas personas afirman haber experimentado una serie de sensaciones durante su muerte clínica. La ciencia tratará de dar explicación a un fenómeno incomprensible pero que, gracias a las nuevas tecnologías, está pasando del campo de lo paranormal al terreno de la investigación empírica.

Primera investigación a gran escala sobre las experiencias cercanas a la muerte
Primera investigación a gran escala sobre las experiencias cercanas a la muerte
 
El Proyecto Conciencia Humana (el Human Consciousness Project, de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, ha iniciado un curioso estudio, bautizado como AWARE, que supondrá la primera investigación científica a gran escala sobre las llamadas “experiencias cercanas a la muerte” o ECMs.

Se denomina ECM a la amplia gama de experiencias personales asociadas con la muerte inminente, y que consisten en las percepciones que ésta conlleva. Estas percepciones son conocidas gracias a los testimonios de personas que han estado a punto de morir o que han pasado por una muerte clínica, pero después han sobrevivido. En nuestros tiempos, las técnicas de reanimación cardiaca han ayudado a que el número de testimonios de este tipo aumente.

Las sensaciones relatadas por pacientes (como abandonar el cuerpo, levitar, miedo extremo, serenidad total, seguridad, calidez, absoluta disolución o la visión de una gran luz al final del túnel o de seres –que, según las creencias de cada individuo suelen identificarse con Dios, los ángeles, familiares fallecidos, etc.-) han hecho que se les dé a estas experiencias una perspectiva espiritual y paranormal.

Explicación científica

Pero, ¿qué explicación puede dar la ciencia a las ECMs? El estudio AWARE, que tratará de dar una respuesta a esta pregunta, será llevado a cabo por un grupo internacional de científicos y de médicos, que han unido fuerzas para analizar el cerebro, la conciencia y la muerte clínica.

Según informa la Universidad de Southampton en un comunicado, la investigación estará dirigida por el doctor Sam Parnia, un experto en el campo de la conciencia durante la muerte clínica, además de autor del libro What happens when we die?.

Parnia lleva ya años estudiando este fenómeno. En 2001, por ejemplo, la BBC publicaba que el investigador había hecho un estudio piloto en el hospital general de Southampton con 63 pacientes que habían sido reanimados tras estar clínicamente muertos.

Cuatro de ellos informaron, en entrevistas posteriores, que habían vivido experiencias paranormales, como atravesar un túnel y reunirse con familiares fallecidos. Algunas de esas personas, incluso, dieron detalles específicos de los intentos de resucitarlos. Parnia declaró entonces que “algún tipo de conciencia debe haber estado presente, puesto que, al regresar, pudieron contarnos lo que les había pasado”.

En el comunicado de la Universidad Southampton, Parnia explica: “contrariamente a la percepción popular, la muerte no es un momento específico. En realidad es un proceso que comienza cuando el corazón deja de latir, los pulmones dejan de trabajar y el cerebro deja de funcionar. Es lo que en medicina se denomina “parada cardiorrespiratoria”, que desde un punto de vista biológico es sinónimo de la muerte clínica”.

Aplicación de tecnología

Al estado de muerte clínica lo sigue un periodo de tiempo, de entre unos segundos y una hora aproximadamente, en el que los esfuerzos médicos pueden conseguir revertir el proceso de la muerte. Conocer lo que las personas experimentan durante la muerte clínica supone una oportunidad única de comprensión del proceso humano de la muerte, explica Parnia.

Con esta finalidad de conocimiento, y tras una fase piloto del estudio de 18 meses de duración desarrollada en diversos hospitales del Reino Unido, la investigación se extenderá ahora para incluir otros 25 centros hospitalarios británicos, europeos y norteamericanos.

El estudio AWARE aplicará una sofisticada tecnología para estudiar el cerebro y la conciencia humanos durante las paradas cardiorrespiratorias. Al mismo tiempo, probará la autenticidad o no de las llamadas experiencias fuera del cuerpo examinando la capacidad de “ver” y “oír” durante el estado de muerte clínica. Para ello, los investigadores utilizarán imágenes aleatoriamente generadas, que se ocultarán para poder ser vistas sólo desde arriba.

El estudio se completará con la investigación BRAIN-1 (Brain Resuscitation Advancement International Network – 1), que consistirá en realizar tests psicológicos a pacientes que hayan sufrido paradas cardiorrespiratorias, y en la aplicación de técnicas de registro de la actividad cerebral para intentar determinar métodos que mejoren el cuidado médico y psicológico de enfermos en este estado.

Pruebas empíricas

Lo cierto es que este tema despierta un notable interés entre los científicos. Desde esta perspectiva, estudios recientes llevados a cabo por investigadores independientes han aportado ya algunos datos, como que entre el 10 y el 20% de las personas con parada cardiorrespiratoria y muerte clínica analizadas han presentado, en ese periodo, procesos mentales estructurados, capacidad de razonar e, incluso, recuerdos detallados de la situación en la que se encontraba su cuerpo, de su entorno entonces o de las personas que intentaron reanimarlos.

Asimismo, en 2001, una investigación médica realizada en hospitales holandeses con 344 pacientes que habían sufrido la muerte clínica por efecto de crisis cardíacas estableció que el 18% de ellos recordaba haber vivido experiencias mientras su cuerpo estaba sin vida.

Más recientemente, la BBC se hizo eco de la publicación del libro “Near Death Experiences of Hospitalized Intensive Care Patients, a Five Year Clinical Study” escrito por Penny Sartori, una enfermera de cuidados intensivo del hospital Singleton del País de Gales, que tras cinco años de estudio del fenómeno de las ECMs, decidió plasmar los datos recopilados para ayudar a los profesionales médicos a tratar con los pacientes reanimados.

Todas estas investigaciones se enmarcan en los estudios que, durante años, han llevado a cabo psiquiatras como Elisabeth Kübler-Ross o George Ritchie. En la actualidad, y a pesar de que el tema de las ECMs haya sido tradicionalmente considerado materia para el debate filosófico, los avances en la ciencia y, especialmente, en las técnicas de reanimación y de resucitación, lo han ido llevando cada vez más al terreno empirista.

 

Experiencias cercanas a la muerte

Es un tema que ya hemos abordado en una de las páginas fijas, bajo la foto de cabecera. Pero ahora, con mejor conexión a la red, podemos ir aportando vídeos e informaciones complementarias.

Recreación de una experiencia cercana a la muerte:

Por experiencias cercanas a la muerte o ECM (near-death experiences en inglés, NDES), se hace referencia a una constelación de reacciones psíquicas y emocionales, que engloban un conjunto supuestas percepciones auto y alopsíquicas, que han sido recopiladas por los científicos a partir de las narraciones en primera persona, realizadas por individuos que han atravesado un estado de muerte clínica y han conseguido sobrevivir.

Según las estadísticas, éstos fenómenos no son inhabituales, pues de hecho suceden en una de cada cinco personas que han estado sometidas a instantes de muerte inminente y se han sobrepuesto a dicha experiencia.

Extrañamente, las ECM se caracterizan por un patrón perceptivo común, aunque no todas las personas atraviesan por todas las fases o son capaces de recordarlas a posteriori.

Muchos de los afectados, relatan que comienzan a levitar sobre su cuerpo, viendo el dormitorio o el quirófano desde las alturas, a modo de experiencia extracorpórea, en la que incluso escuchan la declaración de su propio fallecimiento.

Acto seguido, se aproximan a un oscuro túnel al que acceden a través de una escalera o flotando en el vacío, observando la aparición de una figura al final del mismo, cuyo aspecto les resulta amigable o atractivo, siendo de color blanquecino o transparente. Otras veces, les esperan paisajes, voces o música, que vivencian de forma plácida o complaciente.

Lo asombroso de tales experiencias, reside en que lejos de resultar aterradora o dolorosa, no les genera molestias sino que les llena de un profundo estado de paz y bienestar interior. Ésta circustancia sin embargo, no es compartida por todos, pues también existen relatos, aunque menos, sobre experiencias aterradoras durante el trance.

También se han recopilado historias de reencuentro con familiares fallecidos, precedido por una visión global pero íntegra de lo vivido, en la que el paciente atiende impávido a la expectación de la “película” sobre su propia existencia.

El retorno final a la conciencia, ha sido explicado por la visión de un obstáculo como una puerta o un muro, acompañado de la indicación de los acompañantes o la figura que visionan en la luz del tunel, de que debe retornar a la vida desde el más “allá”.

Con respecto a la interpretación de éstas insólitas experiencias psíquicas paranormales, no existe aún consenso científico y muchas de las teorías actuales permanecen teñidas por connotaciones excesivamente deterministas, marcadas por ideologías y criterios de índole religioso o espiritual.

Por su parte, la recientes investigaciones en el estudio de la neurobiología cerebral respecto a éste fenómeno, hace alusión a posibles cambios biológicos que podrían guardar ciertas similitudes a los procesos alucinatorios u oníricos, sugiriendo que la mente y la conciencia podrían permanecer activas segundos después de que el cerebro haya dejado de funcionar.

Sin embargo, el peso que ejerce la tradición religiosa sigue estando omnipresente en el inconsciente colectivo, por lo las teorías actuales resultan inconsistentes ante la falta de evidencia científica suficiente. Ello ha dado lugar quizá en parte debido una cierta resistencia general, a una insistencia en la interpretación de éstos fenómenos bajo la óptica histórica de la dicotomía filosófica entre cuerpo y alma, vestigio de tradición religiosa heredada durante siglos.

Seguimos medio a oscuras en este tema. ¿Se puede aplicar el método científico a lo que es experiencia personal e intrasferible? Este sigue siendo el gran dilema.

Otra experiencia cercana a la muerte

Dorothy sufrió una conmoción cuando daba a luz, en la mesa de operaciones; le estaban practicando una cesárea, y por un momento dudaron de que pudiera salvarse. Nadie reconoció entonces —hace treinta años— que esa joven madre había tenido una experiencia en el umbral de la muerte. Así relata lo que sintió:

«Mientras estaba tendida en la mesa de operaciones esperando a que el médico me hiciera la cesárea, empecé a desfallecer. Se lo dije a la anestesista que estaba allí conmigo. Me dio algo de oxígeno, pero eso no me sirvió de nada. Recuerdo haber oído que le gritaba al doctor que me estaba bajando la presión sanguínea.

Y me encontré en el Cielo. Allí todo era maravilloso y tranquilo. Había una paz infinita. Jesús empezó a hablarme. No le vi la cara, pero escuchaba lo que me decía: “Dottie, te dejo aquí [en la tierra] con una finalidad. Nadie sabrá lo que te pasa”.

Entonces me lo explicó todo. Mientras me hablaba, yo me preguntaba por qué me habría elegido a mí para revelarme esas cosas. Y pensé que, puesto que lo hizo y tuve esa con-
vincente experiencia, puedo ayudar a los demás.

Cuando terminó de hablarme, me alejé flotando de ese hermoso lugar hacia un sitio sucio y horrible. Es lo menos que puede decirse si se compara el Cielo con la Tierra. ¡Qué diferencia!

Entonces me volví a sentir en mi cuerpo, en la mesa de operaciones. Percibía cómo el doctor sujetaba mi vendaje del estómago, pero no podía abrir los ojos. Alguien rezaba al Señor por mí. Cuando dijeron amén, abrí los ojos.

Me llevaron otra vez a la habitación y dije a mi marido y a mi madre que nadie sabía lo que me acababa de pasar: que había hablado con Jesús.

Esa noche, acostada en la cama, traté de recordar lo que me había revelado, pero no pude ni he podido nunca, aunque la experiencia permanece tan vivida y convincente como cuando ocurrió.

Experiencias cercanas a la muerte


Permitidme compartir algunas de mis experiencias con vosotros. Los que han vivido cosas parecidas relacionadas con la muerte de un niño, se pueden consolar sabiendo que no están solos ni están locos. De hecho, he estudiado cientos de casos de pacientes de todo el mundo que han tenido experiencias extra-corporales o cercanas a la muerte similares a las que describe Raymond Moody en su libro Life After Life, para el que escribí el prólogo.

Muchas de esas personas no estaban enfermas antes de la prueba que pasaron. De golpe tuvieron un ataque cardíaco o un accidente inesperado, por lo que es improbable que las experiencias que compartieron fuesen proyecciones de deseos, como sostienen algunos. El denominador común de esas experiencias extracorporales es que esas personas eran totalmente conscientes de dejar su cuerpo físico.

Sintieron una ráfaga de viento y se encontraron en las proximidades del lugar donde se hallaba su cuerpo, gravemente afectado: el lugar de un accidente, la sala de urgencias o el quirófano de un hospital, en su cama, o incluso en su lugar de trabajo. No sentían dolor ni ansiedad. Describen la escena del accidente con los más minimos detalles, incluyendo la llegada de personas que trataban de sacarlos de un coche o intentaban apagar un fuego, y la llegada de una ambulancia. Incluso precisan el número de sopletes que se utilizaron para sacar su maltrecho cuerpo del coche destrozado.

Muchas veces describen los desesperados esfuerzos que hizo el equipo médico durante la resucitación para que volviesen en sí, y sus propios intentos para dar a entender que estaban realmente bien y que los equipos de urgencia dejaran de esforzarse. En ese momento se daban cuenta de que podían percibirlo todo, pero que los demás no los oían ni los percibían.

Otra cosa que comparten los que han pasado por esas experiencias es que advertían que volvían a estar enteros: los que tenían las piernas amputadas volvían a tenerlas completas, los que iban en silla de ruedas podían bailar y moverse sin esfuerzo, y los ciegos podían ver.

Como es natural, comprobamos esos hechos haciendo pruebas con pacientes ciegos que desde hacía años no percibían la más mínima luz. Para nuestro asombro, fueron capaces de describir el color y el tipo de ropa y de accesorios de los presentes. Ningún científico podría decir que eso es una proyección. Cuando les preguntamos cómo habían podido ver, respondieron en estos términos: «Es como cuando sueñas: tienes los ojos cerrados y ves».

El tercer hecho que comparten es que perciben la presencia de seres queridos, entre los que nunca faltan parientes que los han precedido en la muerte. Siempre hay una adorada abuela esperando a una niña pequeña, o un tío especial que murió diez meses antes, o un compañero de clase que murió de un disparo accidental casi dos años antes de la grave enfermedad de su amigo.

¿Cómo puede un crítico y escéptico investigador saber si esas percepciones son reales? Nos dedicamos a recoger datos de personas que, sin saber que había muerto un ser querido, compartieron la presencia de esa persona cuando ellos mismos estaban, como suelen decir, en «la puerta sin retorno».

Una niña que casi falleció durante su critica operación de corazón le contó a su padre que se había encontrado con un hermano con el que se sentía muy a gusto; era como si se hubiesen conocido y hubiesen compartido toda la vida. Pero no había tenido nunca un hermano. Su padre, terriblemente emocionado por el relato de su hija, le confesó que sí, que ella había tenido un hermano, pero que murió antes de que ella naciera.

Recuerdo los primeros días de mi trabajo con pacientes moribundos en un hospital universitario, donde también había prometido no explicarles que tenían una enfermedad terminal. Era fácil mantener esa promesa, ya que los pacientes me lo solían decir a mí.

Poco antes de morir, un niño acostumbra tener lo que llamo un «momento de claridad». Los que están en coma desde que sufrieron un accidente o una operación abren los ojos y parecen muy coherentes. Los que han padecido muchas molestias están tranquilos y en paz. Entonces les pregunto si quieren compartir conmigo lo que están experimentando.

—Sí. Todo va bien. Mamá y Peter ya me están esperando —me respondió un niño y, con una pequeña sonrisa de satisfacción, volvió a sumirse en estado de coma e hizo la transición que denominamos muerte.

Yo sabía que en el lugar del accidente había muerto su madre, pero Peter había quedado con vida. El coche se incendió antes de que pudiesen sacarlo y luego lo trasladaron, con graves quemaduras, a la unidad de quemados de otro hospital. Puesto que sólo recogía datos, escuché la información del niño y decidí preguntar por Peter. No hizo falta, porque al pasar por la enfermería me estaban llamando del otro hospital para informarme que Peter había muerto hacía unos minutos.

A lo largo de todos estos años en que he recogido datos, desde California a Sidney, entre niños blancos y negros, entre jóvenes de sociedades primitivas, esquimales, sudamericanos y libios, todos los que mencionaban a una persona que los esperaba, hablaban de alguien que había muerto antes que ellos, aunque sólo fuese unos momentos. Y no se les había informado en ningún momento del reciente óbito de los parientes.

¿Coincidencia? Ahora ningún científico ni estadístico me convencería de que esto ocurre, como dicen algunos colegas, como «resultado de la falta de oxígeno» o por otras causas «racionales y científicas».

E. Kubler-Ross

Una experiencia cercana a la muerte

Desde tiempos inmemorables, el hombre se ha preguntado que hay mas allá de la muerte, llegando incluso a plantearse si sus actos en la vida, se verían recompensados o castigados en el mas allá, si seria simplemente el final de todo o si volveríamos a la vida por medio de la reencarnación.

La ciencia hasta el momento no va mas allá de una muerte clínica del paciente. El cielo o el infierno, la muerte del cuerpo o del alma. La ciencia hasta el momento no va mas allá de una muerte clínica del paciente. El cielo o el infierno, la muerte del cuerpo o del alma.

 ¿Estamos en contacto con otras realidades? Será la eterna pregunta…

Hay muchas personas que han estado en contacto con estas otras realidades e incluso con seres fallecidos en las denominadas E.C.M. o Experiencias Cercanas a la Muerte e incluso han percibido una terrible realidad: su propio cuerpo perdiendo la vida y sus seres queridos sufriendo por su vida. ¿Demuestran todas estas experiencias la existencia de la vida tras la muerte?

 En estos años, sobre todos tras nuestros avances técnicos y en materia de medicina, la supervivencia del alma ha sido un preocupación “científica” a estudiar y un problema que la Ciencia trata de explorar. La historia de nuestros protagonistas es una de esas que invita a la reflexión al lector.

Alberto Serrano sufrió un gravísimo accidente de tráfico. Tras reventar la rueda delantera de su vehículo perdió la dirección y el control, cayó por una cuneta de unos 4 metros de altura e impactó lateralmente contra una formación de arbustos centenarios.

Las asistencia no tardó demasiado en acudir al lugar, Alberto presentaba un cuadro clínico con politraumatismos, hemorragias, shock y estado de coma profundo. La situación era muy grave.

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